Intolerancia a la lactosa

Una parte importante de la población padece de problemas digestivos, lo que lleva a mucha gente a pensar que padece intolerancia a la lactosa. Esto conlleva la supresión en la dieta de cualquier alimento que pueda contener lactosa. También se recurre a productos lácteos «sin lactosa», los cuales son más caros que los productos originarios.

Todo ello puede tener un impacto negativo para la salud, ya que, tras el autodiagnóstico de intolerancia a la lactosa, la causa real de los síntomas puede permanecer sin diagnosticar, o porque las modificaciones de la dieta pueden determinar deficiencias en algunos nutrientes.

Qué es la lactosa

La lactosa es un azúcar disacárido que se encuentra de forma natural en la leche. Le confiere un cierto sabor dulce a la leche y los productos lácteos. Está formada por una molécula de glucosa y otra de galactosa, que deben ser separadas para ser absorbidas en el intestino. Esto sucede gracias a una enzima, la lactasa.

Digerir la lactosa

Ya desde bebés, necesitamos digerir la lactosa presente en la leche materna, el único alimento de la primera etapa de nuestra vida. Pero a medida que crecemos, se produce una reducción en la producción de la enzima lactasa. Si la reducción es excesiva aparece la «deficiencia de lactasa«. En este caso, una porción de la lactosa de los alimentos llegará sin digerir al intestino grueso. Allí, puede comenzar a ser fermentada por la flora bacteriana. Esta fermentación puede dar origen a las molestias digestivas típicas de la intolerancia a la lactosa: dolor, hinchazón, gases, flatulencia y la diarrea.

Causas de la intolerancia la lactosa

El tipo de intolerancia más común es la deficiencia primaria de lactasa. Puede desarrollarse a diferentes edades y no tiene una causa específica.

Por el contrario, la deficiencia secundaria de lactasa es causada por una enfermedad. Por ejemplo, una gastroenteritis aguda, una celiaquía no controlada o una enfermedad inflamatoria del intestino, pueden causar intolerancia a la lactosa. Este proceso se puede revertir cuando la enfermedad finaliza y se normaliza la mucosa intestinal.

Intolerancia a la lactosa congénita

Por otro lado, existe la deficiencia de lactasa congénita, un trastorno muy raro asociado con la ausencia de la actividad de la enzima. Se hace evidente desde que el recién nacido toma leche por primera vez, por lo general, con diarrea intratable. Existen muy pocos casos.

También existe la «deficiencia de lactasa de desarrollo» que acontece en bebés prematuros (con menos de 34 semanas de gestación) y mejora una vez que el intestino madura.

A quién afecta la intolerancia a la lactosa

La deficiencia de lactasa puede conducir a la intolerancia a la lactosa (una expresión sintomática de la deficiencia de lactasa). Pero alguien que presenta deficiencia de lactasa no tiene por qué ser necesariamente intolerante a la lactosa. De este modo, muchas personas con deficiencia de lactasa pueden tolerar cantidades variables de productos lácteos sin manifestar problemas.

Se estima que la deficiencia de lactasa se produce en cerca del 75 % de la población mundial, sin distinción de sexo.

La deficiencia de lactasa varía según la etnia de procedencia. Suele ser más frecuente en los asiáticos, africanos, latinoamericanos y nativos americanos. En contraste, la mayoría de los europeos del norte tienden a mantener la actividad de la lactasa elevada en la edad adulta.

Diagnóstico de la intolerancia a la lactosa

Existen varias pruebas para diagnosticar la intolerancia a la lactosa, si bien no existe un consenso sobre el método ideal para su diagnóstico.

Dificultad para el diagnóstico de intolerancia a la lactosa

Algunas pruebas suministran cantidades elevadas de lactosa para comprobar sus efectos. De este modo, un elevado porcentaje de las personas con cierta deficiencia de lactasa (pero no necesariamente intolerancia) desarrollará síntomas gastrointestinales. A continuación, se concluye que son intolerantes a la lactosa. Estas condiciones no reflejan los hábitos de vida real, por lo tanto, sobreestiman el número de personas intolerantes a la lactosa.

Otro elemento utilizado para valorar la prevalencia de la intolerancia a la lactosa son los cuestionarios. Sin embargo, la autopercepción de los síntomas gastrointestinales puede estar fuertemente condicionados por factores psicológicos. Si una persona piensa que es intolerante a la lactosa, esto puede ser suficiente para provocar los síntomas cuando se ingiere cierta cantidad de lactosa, e incluso si lo que se ingiere es un placebo libre de lactosa (como se ha podido apreciar en diversos estudios).

Pruebas diagnósticas para la intolerancia a la lactosa

Prueba de tolerancia a la lactosa

También se llama prueba de sangre para intolerancia a la lactosa. En las personas que no presentan una deficiencia en lactasa, la lactosa ingerida se descompone en galactosa y glucosa, que son absorbidas y pasan al torrente sanguíneo. Pero en personas lactasa-deficientes no hay una digestión óptima de la lactosa ingerida, por lo que llegará menos glucosa a la sangre de lo que sería de esperar en condiciones normales.

Esta prueba determina el consumo en ayunas de una cantidad de leche o lactosa y el análisis posterior de la glucosa sanguínea. Si la ingesta de lactosa no es seguida por un aumento de la glucosa en sangre, esto confirma la deficiencia de lactasa. Al mismo tiempo, se analiza la aparición de síntomas. La deficiencia de lactasa, junto con la presencia de síntomas, determinará el diagnóstico de intolerancia a la lactosa.

Esta prueba es poco utilizada hoy día por su menor sensibilidad y especificidad que la prueba de hidrógeno espirado y también porque implica la extracción de sangre.

Prueba de hidrógeno espirado

En las personas con deficiencia de lactasa, la lactosa no digerida llegará al colon donde será fermentada por las bacterias presentes, que producirán hidrógeno a partir de la fermentación. Parte de este gas será absorbido y pasará al torrente sanguíneo y será excretado por los pulmones. Por lo tanto, los problemas de absorción de la lactosa se pueden medir a partir de la concentración de hidrógeno exhalado después de la ingesta de lactosa.

Al mismo tiempo, la manifestación de los síntomas después de la ingestión de lactosa será tenido en cuenta para confirmar el diagnóstico de intolerancia a la lactosa.

Restricción de lactosa en la dieta

Para el diagnóstico de intolerancia a la lactosa se puede restringir la lactosa de la dieta durante un espacio de tiempo. Si los síntomas se resuelven, esto es una primera indicación. La lactosa se va reintroduciendo progresivamente, hasta que los síntomas vuelvan a aparecer. Esto sería la confirmación de la intolerancia a la lactosa. De esta manera, es posible determinar la cantidad de lactosa que el paciente podía ingerir sin que aparecieran síntomas molestos. Esto debería hacerse, idealmente, con la ayuda de un dietista.

Biopsia de intestino delgado

La prueba consiste en tomar una pequeña muestra de la mucosa intestinal utilizando un endoscopio por vía oral. La muestra será analizada para ver la cantidad de lactasa que contiene y la eventual concurrencia de posibles patologías, tales como la enfermedad celíaca que podrían dar lugar a una deficiencia de lactasa secundaria.

Pruebas genéticas

Las que existen no pueden cubrir todas las mutaciones genéticas en las distintas poblaciones. No suelen utilizarse en la práctica médica.    

Síntomas de intolerancia a la lactosa

La ingesta de lactasa por parte de los intolerantes a la lactosa puede provocar:

  • Dolor abdominal.
  • Vientre hinchado.
  • Diarrea.
  • Flatulencia (gases).
  • Heces voluminosas, espumosas y “flotantes”.
  • Borborigmos.

Estas molestias están lejos de ser específicas y podrían responder a multitud de causas. Solo con la observación de estos síntomas no se puede diagnosticar que alguien es intolerante a la lactosa.

Síntomas psicológicos de la intolerancia a la lactosa

El efecto nocebo es un fenómeno opuesto al efecto placebo, en el que la expectativa de un resultado negativo puede conducir a la aparición de síntomas. Por ejemplo, los pacientes que esperan efectos secundarios desfavorables antes de tomar un medicamento son más propensos a desarrollarlos.

A medida que las expectativas negativas hacen que la gente esté más pendiente, incluso las señales corporales normales pueden ser percibidas como síntomas.

Hay indicios de que algunas personas que tienen síntomas experimentados tras el consumo de grandes cantidades de leche, pueden llegar a ser psicológicamente sensibilizados con el consumo de cualquier cantidad de leche.

Síntomas ficticios

Diversos estudios han mostrado que cuando las personas intolerantes a la lactosa toman una bebida que creen que contiene lactosa (pero no la tiene), un número considerable de ellos experimenta síntomas, por lo que sólo la idea de haber ingerido lactosa puede dar lugar a problemas.

Esta situación también complica la tarea del médico, sobre todo cuando trata de explicar a su paciente que sus molestias pueden estar causadas por factores psicológicos. Rara vez suele ser bien aceptado por los pacientes.

La cuestión es que los conceptos erróneos pueden llevar a muchas personas a dejar de tomar innecesariamente productos lácteos. Y esto puede ser un problema si los intolerantes a la lactosa autodiagnosticados sitúan a sus hijos en las dietas con restricción de lactosa (incluso en ausencia de síntomas) en la creencia de que la patología es hereditaria.

Síntomas sistémicos de intolerancia a la lactosa

La intolerancia a la lactosa también se ha asociado con una amplia gama de los llamados «síntomas sistémicos», tales como dolores de cabeza, mareos, pérdida de concentración, dolor muscular y articular, diversos síntomas alérgicos (eczema, prurito, rinitis, sinusitis y asma), acné, depresión, etc. Pero estos no están sustentados por ninguna evidencia consistente.

Dieta para la intolerancia a la lactosa

Como se ha dicho, la mayoría de las personas con deficiencia de lactasa pueden tolerar cierta cantidad de lactosa.

En personas con deficiencia de lactasa, el riesgo de los síntomas después de la ingestión de lactosa depende de la dosis ingerida, el grado de deficiencia de lactasa, la naturaleza de la flora intestinal y la sensibilidad del tracto gastrointestinal. Sin embargo, casi todos los intolerantes a la lactosa pueden tolerar una ingesta variable de lactosa.

Diversos estudios señalan cómo una ingesta de cerca de 12 g de lactosa (la cantidad presente en un vaso de leche) puede ser bien tolerado por la mayoría de la población. Por el contrario, el consumo de 25 g de lactosa determina la aparición de síntomas en la mayoría de personas que presentan mala digestión de la lactosa.

Suplementos de lactasa

Los suplementos dietéticos que contienen la enzima lactasa están disponibles en forma de tabletas y cápsulas para ayudar al cuerpo a descomponer la lactosa. Las personas que los toman esperan ser capaces de tolerar mejor los alimentos que contienen lactosa, pero no hay estudios que demuestren ese efecto. Los pocos estudios llevados a cabo no han mostrado convincentemente que los productos fueran capaces de aliviar o prevenir los síntomas.

Curiosamente, la autoridad europea de seguridad alimentaria (EFSA) emitió una opinión favorable sobre la efectividad de estos productos.

Leche sin lactosa (y otros lácteos)

La supuesta alta prevalencia de las personas intolerantes a la lactosa (o de las que erróneamente creen serlo) se ha traducido en el desarrollo de productos lácteos reducidos o libres de lactosa por parte de la industria alimentaria. Esto permite a las empresas lácteas retener a unos consumidores que de otra manera dejarían de tomar leche y productos lácteos. El mercado libre de lactosa se triplicó en volumen en Europa en los últimos años.

También contribuye a ello la EFSA, que emitió un dictamen favorable sobre la declaración de propiedades saludables con respecto a los productos reducidos en lactosa: «el consumo de alimentos con una cantidad reducida de lactosa ayuda a disminuir el malestar gastrointestinal provocado por la ingesta de lactosa en personas intolerantes a la lactosa.»

Por otro lado, no todos los lácteos reducidos en lactosa tienen razón de ser. En ocasiones, el simple reclamo comercial cobra más importancia que el significado real del mensaje. Un ejemplo claro es el de la mantequilla sin lactosa. La mantequilla normal contiene 0,6 mg de lactosa por 100 g. Si se utiliza sólo para untar el pan en el desayuno, la cantidad de lactosa no causaría problemas a casi nadie. Lo mismo ocurre con otros productos, como algunos quesos sin lactosa.

Sospechas de intolerancia a la lactosa

La intolerancia a la lactosa, más allá de los reclamos comerciales y los intereses de la industria alimentaria, es un problema de salud desenfocado y sobredimensionado. La deficiencia de lactasa determina que una cantidad variable de personas sean incapaces de digerir la lactosa presente en los alimentos, a partir de cierta cantidad. También existe una proporción de la población que presenta intolerancia a la lactosa, por lo que dosis mínimas de lactosa les provocarán los síntomas y molestias gastrointestinales típicos.

Existen datos y estimaciones sobre la prevalencia de la intolerancia a la lactosa en nuestro país extremadamente altos. Lamentablemente, no se disponen de estimaciones fiables sobre la población realmente afectada, por lo que es muy aventurado hablar de una prevalencia determinada.

Para el diagnóstico de la intolerancia a la lactosa, lo ideal sería poder incluir placebos para descartar posibles síntomas de causa psicológica. También sería recomendable la exclusión dietética y la reintroducción progresiva para comprobar qué cantidad real de lactosa es tolerable, en caso de deficiencia de lactasa. 

Finalmente, sería recomendable la valoración dietética para poder elegir la mejor estrategia que minimice los síntomas y asegure un aporte adecuado de todos los nutrientes.

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