Dieta para la hipertensión

La dieta para la hipertensión es importante para buena parte de la población española. Y es que en nuestro país más de un tercio de la población mayor de edad padece hipertensión arterial. Incluso, esta proporción es aún mayor si analizamos sectores de población con mayor edad.

La sal de la dieta es uno de los factores relacionados directamente con la tensión arterial y, por tanto, con el riesgo cardiovascular.

Qué es la hipertensión

La sangre, a su paso por las arterias y vasos, ejerce una presión que las paredes devuelven en forma de tensión. De este modo, la tensión arterial y la presión sanguínea son sinónimos. Cuando esta tensión es más alta de lo normal, se ve incrementado el riesgo de padecer problemas cardiovasculares.

La hipertensión arterial (HTA) se define como una tensión arterial sistólica mayor o igual a 140 mm de mercurio o una tensión arterial diastólica mayor o igual a 90 mm de mercurio.

Tensión arterial sistólica y diastólica

Todas las complicaciones vasculares asociadas a la hipertensión, como la enfermedad coronaria, el ictus, la enfermedad arterial periférica, la insuficiencia cardíaca y la enfermedad renal crónica, están relacionadas con la tensión arterial sistólica y con la diastólica. Sin embargo, a partir de los 55 años la relación es mucho más estrecha con la tensión sistólica o “alta”.

Hipertensión en España

En España la hipertensión arterial es muy frecuente. Afecta al 35 % de los adultos, aumentando con la edad y llegando a cerca del 70 % en mayores de 60 años. Eso quiere decir que unos 10 millones de personas adultas tienen tensión alta. Por otro lado, cerca del 35 % de la población adulta presenta una tensión arterial normal-alta o normal, situación en la que también hay riesgo cardiovascular y muertes relacionadas, además del riesgo de progresión a grados más elevados.

Tratamiento de la hipertensión

El tratamiento para la hipertensión contempla, inicialmente, un cambio de hábitos y de estilo de vida que pueden suponer un beneficio para la salud y disminuir los valores en casos de tensión alta.

Cuando la hipertensión alcanza valores más elevados, se recurre al tratamiento con fármacos antihipertensivos.

Tratamiento no farmacológico

Las medidas no farmacológicas dirigidas a cambiar el estilo de vida deben instaurarse no sólo en los pacientes hipertensos, sino también en aquéllos con una tensión arterial normal-alta, bien como tratamiento de inicio, bien complementando el tratamiento farmacológico antihipertensivo. El objetivo es reducir la tensión arterial y prevenir el desarrollo de enfermedad cardiovascular.

Cambios en el estilo de vida

Existe una serie de modificaciones del estilo de vida que, según los estudios, pueden bajar la tensión arterial de forma similar a como lo haría un fármaco. Las actuaciones más importantes en este sentido son:

  • Reducir la sal de la dieta.
  • Moderar en el consumo de alcohol.
  • Acercarse a un patrón Dieta Mediterránea o dieta DASH (Dietary Approaches to Stop Hypertension).
  • Bajar de peso y reducir el perímetro abdominal.
  • Realizar ejercicio físico regularmente.
  • Dejar de fumar, si es el caso.

De igual modo, estas actuaciones podrían retrasar o prevenir la hipertensión en personas no hipertensas y retrasar el tratamiento farmacológico en los casos de hipertensión más leve. Finalmente, también tendrían efectos beneficiosos sobre otros factores de riesgo que suelen acompañar al paciente con HTA.

Reducción de la sal de la dieta

El principal efecto sobre la salud de un consumo excesivo de sal es el aumento de la tensión arterial. Esto supone un aumento del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

El sodio o la sal de nuestro organismo se relaciona con la cantidad de agua presente. Un exceso de sal hace que se retenga más líquido, lo que obliga al corazón y a los riñones a un trabajo extra para eliminarla.

Consumo de sal en España

Diversos estudios sitúan el consumo de sal en España en los 10-12 g al día.

Por contra, la Organización Mundial de la Salud promueve el objetivo de una ingesta inferior de 5 g al día de sal (o 2 g de sodio) para los adultos o una reducción de ingesta de sal a la mitad, asumiendo que la población occidental consume cerca de 10 g de sal al día.

Cómo reducir el consumo de sal

El 80% de la sal que consumimos proviene de alimentos procesados. De este modo, la reducción del consumo de sal dependerá de los alimentos que formen parte de nuestra dieta.

En la actualidad, todos los alimentos están obligados a publicar su contenido en sal en la etiqueta. Es aquí donde deberemos fijarnos para reducir la cantidad de sal que consumimos. Un alimento con más de 1 g de sal por 100 g de producto puede considerarse como de contenido alto en sal y uno que contenga menos de 0,25 g de sal por 100 g tiene un contenido bajo.

Dieta para la hipertensión

Unas simples medidas con respecto a nuestra dieta y nuestros hábitos alimentarios pueden determinar una reducción significativa en nuestro consumo de sal. De este modo, la dieta para la hipertensión incluiría los siguientes aspectos:

  • Fomentar el consumo de alimentos frescos (frutas, verduras, hortalizas).
  • Reducir el consumo de alimentos procesados, preparados, precocinados, snacks, embutidos, salazones, frutos secos (con sal),…
  • Limitar el salero.

Sensibilidad a la sal

La sal no afecta a todas las personas por igual. Los mecanismos de la sensibilidad a la sal no son del todo conocidos, si bien pueden existir condicionantes genéticos. De este modo, la dieta para la hipertensión puede no ser igual de beneficiosa para todo el mundo.

En cualquier caso, las personas con obesidad, síndrome metabólico e insuficiencia renal suelen ser más sensibles a los efectos hipertensivos de la sal. De este modo, la ingesta excesiva de sal durante años, podría jugar un importante papel en el desarrollo de hipertensión en esos grupos de población.


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